El político Don Fernando el Católico, es un texto que data de 1640, cuyo autor es Baltasar Gracián, filósofo jesuita.


La obra es un panegírico, donde hay una emulación, un discurso de alabanza y admiración a las cualidades de Fernando el Católico, construyendo en su figura el centro del texto. Por ello, la principal temática que podemos encontrar en el libro es el arte de saber reinar.


Haciendo un repaso histórico, no hay medianías, ni medias tintas en lo que se refiere a reyes y reinas, todos son conocidos, o por ser muy buenos o por ser muy malos.


En la obra se describe a Don Fernando como un modelo, fundador de la monarquía española, cuyo proceso de construcción personal pasó por ser el primero de los hombres y el primero de los reyes, para ello fue el mejor de los hombres y el máximo de los reyes.


A él se le asignan atributos tales como: comprensión, prudencia, sagacidad… lo que se puede resumir en la palabra sabio. Un rey prudente que hizo de ello su buena dicha.


Alcanzando todas las artes con aplicación, es decir, la constancia. Creciendo en la virtud frente a la ociosidad, vicio y delicias.


Añadiéndole mayor dificultad y distancia también, el hecho de fundar un reino especial frente a uno homogéneo. La monarquía española, donde las provincias son muchas, las naciones diferentes, las lenguas varias; se necesita gran capacidad para conservar, y mucha para unir.


La población siempre ha sido causa de que unas naciones hayan tenido reyes singulares y reyes comunes. Para tener un modelo de gobernanza perfecto entre quien manda y quien mora; sociedades sin fausto y ostentación han conseguido crear príncipes con grandeza, mientras que otras teniendo por cualidad el derroche, han hecho de sus gobernantes unos vulgares.


Sobre las normas de conducta política, los buenos gobernantes las aprenden desde infantes, son personas criadas mirando al lucimiento, al honor y a la virtud. De esa heroica educación, es de donde sale un rey heroico. Todas las profesiones comienzan con un período de aprendiz. Los reyes buenos crujen sus mallas antes de aprender a andar. En ese proceso un príncipe aprende a ser una figura completa, encarrilar los menesteres sin descuidar un solo empleo, no debe perder de vista la justicia, la religión, el gobierno, la economía y las demás obligaciones reales. Aún así, la obra de Gracián pone especial énfasis sobre el aparato de gobernanza. La elección de los hombres de confianza y el aparato militar.


Por lo tanto, primero debe tener cuidado con los que le rodean y resguardar la corona de sus vasallos y luego de sus enemigos. Porque la gran encomienda de reinar no puede ejercerse a solas. La figura del gobernante, como primera norma ha de estar rodeada por gente que le legitime, ya que a un rey desacreditado por los suyos, ni sus súbditos le acuden, ni los contrarios le temen.


En el texto podremos ver de ejemplo a reyes en nada aventajados que por causa de sus ministros fueron grandes celebridades y otros capaces que perdieron sus reinos por el descredito al que le sometían sus ayudantes.


Por lo tanto, no se puede dejar en manos de la suerte el tener buenos ministros, hay que tener la suerte de saberlos escoger, o la ciencia de saberlos formar y amaestrar. Y sí los ministros son la base de la legitimidad de un gobernante, la potencia militar es la de su reputación, a un príncipe desarmado hasta las liebres le insultan. Un buen gobernante debe tomar el mando de sus ejércitos, conocer sus fuerzas y tantear el poder del enemigo para prevenir. No se puede ser un rey de paz, cuando los príncipes vecinos son marciales, es tan peligroso que esa flojedad llena de orgullo a los contrarios, y de desesperación a los vasallos.


Tenemos así a nuestro protagonista entregando su juventud a la milicia y la senectud a la política. Sus primeros años gastados en conquistar y los siguientes en gobernar. Compete por tanto la cualidad del valor a la juventud y la de la prudencia a la vejez.


Descrito por el autor como figura inmortal como todos los grandes hombres, solo Don Fernando podría salvar la monarquía y volvería a hacerlo, sí llegarán a pedírselo.