En contra de lo que parece, falangistas y comunistas, que fueron los estandartes de los bandos nacional y republicano, respectivamente, guardaban más similitudes que diferencias.

   

   

El pasado 1 de abril se cumplieron 81 años del final de la Guerra Civil, el último conflicto militar en suelo español. Este se saldó, como sabemos, con la victoria de las derechas sobre las distintas vertientes socialistas y sobre el nacionalismo periférico.

         A menudo, los medios de comunicación nos presentan la Guerra Civil como un enfrentamiento entre dos bandos totalmente antitéticos ideológicamente. ¿Pero es realmente cierto esto? Analicemos, siguiendo el eje izquierda-derecha (igualdad-desigualdad) los sectores políticos que participaron en el enfrentamiento, a través de la descripción de su visión en las distintas áreas temáticas, así como la defensa de los medios empleados para lograr sus fines:

  • Anarcosocialistas (CNT, FAI):

-Antiestatistas, ateístas, federalistas, progresistas (derechos civiles) y defensores de la lucha de clases.

-Partidarios de la violencia.

  • Comunistas (PCE, POUM):

-Partidarios de una dictadura estalinista como modelo ideal (1) (aunque aceptaban la democracia republicana), republicanos (2), ateístas (3), centralistas (4), parcialmente progresistas (derechos civiles) y defensores de la lucha de clases para lograr un sólido Estado social (5).

-Los trotskistas (POUM) eran partidarios de acciones violentas descontroladas de signo antifascista. Los estalinistas (PCE) reprimieron internamente a anarquistas y a trotskistas (6). El PCE era contrario a las revoluciones callejeras al margen del gobierno republicano.

  • Socialdemócratas radicales (ala izquierda del PSOE) y moderados (ala derecha del PSOE, Izquierda Republicana, Partido Galeguista y ERC):

-Demócratas, republicanos, laicistas, autonomistas progresistas (en materia de derechos civiles) y defensores de un fuerte Estado social.

-Pacíficos, salvo el sector largocaballerista del PSOE.

         Hasta aquí hemos esquematizado las familias políticas izquierdistas, que sostuvieron al bando republicano. A continuación analizaremos a las diferentes derechas, las cuales se postularon del lado del bando nacional, con la excepción de los nacionalistas vascos, que sostuvieron a la II República.

  • Conservadores I (la mayor parte de los que habían apoyado a la CEDA durante la II República):

-Semiautoritarios/autoritarios en cuanto a modelo ideal de sociedad, monárquicos, clericales, centralistas, conservadores en lo social y partidarios de un capitalismo paternalista.

-Violentos y pacíficos, según el caso.

  • Conservadores II (PNV y herederos de la Lliga Regionalista):

-Parecidos a los anteriores, salvo en su modelo territorial fuertemente anticentralista.

-Pacíficos en su mayoría, salvo aquellos catalanistas que habían apoyado a los somatents (sicarios antisindicalistas durante la Restauración).

  • Corporativistas (parte de los que habían apoyado a la CEDA durante la II República y los exsimpatizantes del Bloque Nacional):

-Autoritarios/totalitarios, monárquicos, clericales, centralistas, reaccionarios en lo social y defensores de un Estado social, intervenido y jerárquico (corporativismo) en lo económico.

-Violentos.

  • Fascistas (falangistas y jonsistas):

Totalitarios (1), republicanos (2), aconfesionales (3), centralistas (4), reaccionarios en lo social y defensores de un Estado social (5), intervenido y jerárquico (corporativismo) en lo económico. Opuestos, en cambio, a la lucha de clases.

-Fuertemente violentos (6).

  • Tradicionalistas (requetés carlistas):

-Autoritarios, monárquicos antialfonsinos, ultracatólicos, foralistas, reaccionarios en lo social y corporativistas en lo económico.

-Violentos.

         Como podemos observar, la heterogeneidad ideológica fue muy notable en ambos bandos. Pero destacan, sobre todo, aquellas familias políticas que postularon un modelo de sociedad dictatorial como fin ideal: comunistas, socialdemócratas radicales, gran mayoría de conservadores, corporativistas, fascistas y tradicionalistas. Si a estos grupos le sumamos el anarcosocialismo como opuesto a la democracia, comprobamos cómo la defensa convencida de la democracia solamente residía en los grupos socialdemócratas moderados.

         Desde luego que este aspecto no resulta, en absoluto, desconocido por la historiografía, sociología y politología. Así, las causas de la escasa cultura política democrática de entonces obedecen: al auge de los totalitarismos en Europa de los años 30, a la escasísima tradición democrática en España, a las desigualdades económicas (ello deriva en una búsqueda de fórmulas de solución radicales), en el propio temor a la acción revolucionaria, en el escaso desarrollo industrial (los mayores niveles de índice de desarrollo humano suelen ser concordantes con los grados de apoyo a la democracia representativa) y en el fuerte peso de la Iglesia católica (preconizaba un catolicismo social de base antiliberal).

         Lo que sí me gustaría destacar, tal y como remarco entre paréntesis, son las analogías ideológicas y, en alguna medida procedimentales (conviene recalcar que el fascismo español fue más violento y represivo, como detalla la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica), entre el PCE y el fascismo. Estos compartieron una visión fuertemente estatista, antidemocrática como fin último, redistributivista -más, obviamente, los comunistas-, antimonárquica, centralista y aconfesional de la sociedad.

         El segundo elemento que querría también remarcar es la defensa, en mayor o menor grado, que todos los grupos políticos -también los de derechas- hicieron del Estado social, bien por influencia del marxismo, del catolicismo, del maurismo o del sorelismo. No debemos olvidar, en este sentido, en el lado azul la política de protección social de la dictadura primorriverista que había tenido lugar pocos años atrás o la existencia de sindicatos católicos en el primer tercio del siglo XX.

         En conclusión, las causas de la Guerra Civil son desde luego económicas, políticas, religiosas e identitarias. A mi modesto modo de ver, y entrando en el terreno de la historia-ficción, opino que la contienda pudo ser evitable -al menos, hasta 1939- si la izquierda cediese en el tema religioso, o hasta en la forma de Estado, y la derecha e izquierda en lo económico. Al fin y al cabo, exceptuando la patronal, todos los grupos sociales y políticos azules compartían la defensa de una cierta intervención redistributivista del Estado.

         A modo de opinión personal, si bien la izquierda es responsable de atentados contra civiles inocentes (especialmente eclesiásticos) antes y durante la guerra, la derecha lo es por lo mismo y por la ejecución del golpe de Estado que derivó en el más cruento conflicto de nuestra historia.