Actualmente, en nuestro país hay más oferta que nunca con seis espacios políticos de ámbito estatal: izquierda alternativa (UP), ecosocialismo (Más País-Equo), socialdemocracia (PSOE), liberalismo democrático heterodoxo (Ciudadanos), conservadurismo (PP) y neoconservadurismo (Vox). Además, no nos debemos olvidar de los regionalismos y nacionalismos periféricos de diversa ideología.

            Pero hay un hueco que no ha sido cubierto por nadie y que tiene un gran potencial: una especie de socialdemocracia conservadora, patriota (en un sentido cohesivo, unitario y pluralista a la vez) y regeneracionista. Quiero dejar claro que lo que voy a exponer no es lo que yo desee -aunque comparta en gran medida esta ideología-, sino lo que considero que estaría fuertemente demandado por muchos españoles. En este sentido, fijémonos por áreas temáticas en cuáles son las políticas públicas más deseadas por la opinión pública:

  • Economía:

            Defensa de una mayor inversión pública en educación, sanidad e I+D; una mayor lucha contra el fraude fiscal; reducción de los niveles de deuda pública; y subidas fiscales a grandes empresas y a sueldos millonarios.

  • Empleo y cohesión social:

Revisión de los aspectos más lesivos a los trabajadores de la actual legislación laboral, mayor contratación de inspectores de Trabajo, endurecimiento de la Ley de Morosidad, que las ayudas económicas se reciban a cambio de realizar algún tipo de actividad en beneficio de la sociedad, cotización progresiva para los autónomos, cohabitación de la apuesta por la industria verde con el mantenimiento del viejo sector secundario.

  • Organización institucional:

Eliminación de diputaciones y de chiringuitos institucionales (Senado, Consejo de Estado…); establecimiento por ley del límite de cargos públicos; tecnocratización de  todos los puestos públicos; reducción del número de aforados; restricción de las puertas giratorias establecimiento del principio un hombre, un cargo; endurecimiento de la legislación anticorrupción; aumento de la contratación de jueces y fiscales; más exigencia de una estricta transparencia de la Corona, de la eliminación de privilegios de sus miembros y con la posibilidad de celebrar un referéndum para elegir el modelo de Estado desde postulados monárquicos.

  • Organización territorial:

Eliminación de diputaciones provinciales, devolución al Estado de las competencias en Educación y Sanidad, derogación del cupo vasco y navarro, prohibición del dumping fiscal entre CC.AA., así como de duplicidades entre los poderes central y autonómico y eliminación de barreras administrativo-laborales entre autonomías.

  • Separación de poderes:

Despolitización del TS, del CGPJ, del TC, de la Fiscalía General del Estado y de RTVE. Reclutamiento de sus miembros por criterios estrictamente meritocráticos.

  • Educación:

Aparte de la citada mayor inversión, respeto al principio de libertad educativa de los padres, mayor contundencia contra la indisciplina en las aulas, oferta de FP desde los 14 años y propuesta de un gran pacto por la educación.

  • Derechos civiles:

Regulación estricta de la eutanasia, extensión de los casos de prisión permanente revisable, endurecimiento de la Ley de Responsabilidad Penal del Menor, recuperación del derecho de los padres a dar un cachete a sus hijos, establecimiento de la doctrina castillo, revisión de los aspectos más polémicos de la legislación feminista (rechazo de este movimiento a la custodia compartida semiobligatoria o trato jurídico desigualitario a varones heterosexuales), tolerancia cero frente a la okupación, mayor apoyo económico a mujeres maltratadas, consideración de autoridad de todos los empleados públicos, humanidad con refugiados e inmigrantes ilegales (pero salida de estos de España pasado un tiempo), restricción de la entrada de inmigrantes extracomunitarios y expulsión -tras la correspondiente sanción o pena de prisión- de los migrantes que hubiesen cometido un delito.

  • Cultura e identidad:

Apoyo pleno a las distintas áreas de la cultura española; respeto a la diversidad lingüística y cultural de las diferentes nacionalidades y regiones de nuestro país; defensa de nuestras raíces y cultura católica dentro del respeto a la aconfesionalidad del Estado; y eliminación de las ayudas económicas a organizaciones representativas de las minorías religiosas.

Como vemos, estas medidas en su conjunto no concuerdan con ninguna fuerza política española. Son de centroizquierda en lo económico y de centroderecha en lo social, además de favorables a un autonomismo cohesivo y a un regeneracionismo ético-cívico. En este sentido, este programa se asemejaría imperfectamente al Partido de Acción Popular singapurense, al Partido Peronista argentino, a la Agrupación Nacional francesa o al Movimiento 5 Estrellas italiano. En España encontramos hace un siglo al democristiano Partido Social Popular de Ángel Ossorio como el más próximo a estos principios.

Si un partido con estos postulados existiese en España y estuviese, a su vez, cohesionado y tuviese apoyo mediático, recogería simpatizantes de las seis formaciones estatales representadas en el Parlamento y de aquellas de corte regionalista/nacionalista periférico. Pues la naturaleza ideológica de ese hipotético partido sería transversal.