A pesar de la existencia de un gran debate académico en cuanto a la clasificación de los distintos medios de comunicación de las distintas democracias europeas, dos académicos – Hallin y Mancini – lograron en 2004 realizar una clasificación con la que la mayoría estuvieron de acuerdo. A día de hoy dicha clasificación es la base más usada en la ciencia de la comunicación.

¿Y dónde quedan enmarcados los medios de comunicación españoles?

Pues en primer lugar, se considera que los medios de comunicación españoles están altamente influenciados por la intervención de los gobierno estatales y regionales. La aportación económica en publicidad y por otros conceptos a algunos medios de comunicación son fundamentales para garantizar su supervivencia. El clientelismo está a la orden del día.

En segundo lugar, la baja profesionalización de los periodistas españoles. Los medios buscan ahorrar costes, y esto implica que los periodistas sean altamente manipulables.

Por otro lado, la búsqueda del ‘clickbait’ para incrementar audiencias obviando las verdaderas noticias para convertir en noticia algo ajeno y totalmente irrelevante, lo que provoca que nuestra sociedad esté cada vez más desinformada.

En tercer lugar, existe un alto paralelismo político en una prensa política española altamente mediatizada. Y lanzo la pregunta, ¿alguien conoce algún medio imparcial? La respuesta es más que evidente.

Ejemplo de paralelismo político en el diario Expansión – dedicado a informar de economía.

Y en cuarto lugar, la baja circulación de los periódicos y las bajas audiencias provocan que las noticias se orienten a las élites y no a las clases más bajas, lo cual provoca que se reduzca la pluralidad.

Pues estas cuatro opciones en su conjunto son la respuesta al por qué de la decadencia en la que está sumida la prensa española desde hace años.

Por poner un ejemplo, el informe de la Asociación de Prensa de Madrid del año 2020, desvelaba que sólo un 22% de los periodistas afirmaban no haber recibido ningún tipo de presión acerca de las noticias que producen. Y consideran que su grado de independencia está en un 4,6 sobre 10.

Por lo tanto, ¿son corruptos los periodistas españoles? Todos los indicadores nos hacen creer que una gran mayoría lo son.