"En momentos de crisis como éste, únicamente la cooperación y la colaboración en la tribu nos permitirá sobrevivir"

«En momentos de crisis como éste, únicamente la cooperación y la colaboración en la tribu nos permitirá sobrevivir»

Ángeles González-Sinde: escritora, guionista, presidenta del Real Patronato del Museo Reina Sofía y exministra de Cultura (2009-2011)

En un momento en el que la polarización gana terreno con respecto al debate reflexivo, nace esta sección de Polileaks para que los ciudadanos podamos replantearnos qué podemos aportar en la nueva normalidad post-covid. Ángeles González Sinde nos acompaña en este primer capítulo donde intentaré reflejar el ambiente distendido de nuestra conversación. No es una entrevista, es una conversación para fomentar el espíritu crítico.

Xose Martínez Contreras: Recientemente te han nombrado presidenta del real patronato del museo Reina Sofía, ¿podrías compartir tus impresiones con respecto a ese nuevo desafío?

Ángeles González-Sinde: El museo es una institución que funciona maravillosamente. Tiene un rodaje muy engrasado y un equipo buenísimo en el que, por cierto, la dirección de cada área y departamento recae en un 90% son mujeres. De ahí la satisfacción y de la tentación de decir “si” cuando me propusieron esta oportunidad.

Un patronato es como un voluntariado. La capacidad que tienes de incidir es relativa, velas porque todo funcione bien, pero quién lleva la gestión y el día a día es el director del museo y el equipo. La presidenta acompaña para que todo aquello discurra por los cauces que prevé la Ley, que prevé el mandato de ese museo en concreto.

X.M.C. ¿Qué tipo de problemas te has encontrado en el museo Reina Sofía?

A.G.S. La paralización del sector y la congelación de las fuentes de recursos. Es lo que ahora mismo es acuciante. La caída de visitantes, de ingresos por las diferentes vías, te deja en una fragilidad y vulnerabilidad que hace difícil planificar y terminar de ejecutar lo que tenías previsto. Eses es el principal obstáculo: la adaptación a la nueva situación que, a su vez, tiene una parte positiva, que el viraje sirva para transformarse y acelerar el cambio en la Cultura.

X.M.C. ¿Qué objetivos te gustaría alcanzar desde esta nueva posición?

Fomentar la participación de la sociedad en el museo. Tender puentes entre la sociedad. Representar al museo en otros foros que no son los estrictamente artísticos o de conservación del Patrimonio y tender esos lazos para atraer nuevos públicos.

Es necesario dar a conocer el museo a más gente que a lo mejor hasta ahora no se había acercado a él o colectivos que no se sienten incluidos en el Arte Contemporáneo.

X.M.C. Interpreto que es una tarea difícil.

A.G.S. Una colección de arte contemporáneo está viva. Es algo que está sucediendo mientras estamos viviendo. Eso te da oportunidades de vincularte con la sociedad.

X.M.C. Personalmente, observo una falta de empatía en la sociedad con respecto a la gestión de la COVID-19, tanto a nivel de instituciones públicas como de responsabilidad colectiva e individual de las personas. ¿En qué crees que la cultura puede aportar a reducir los debates polarizados y mejorar dicha empatía?

A.G.S. Mi percepción es que la cultura ha estado bastante ausente en estos seis o siete meses. Está bastante ausente porque los espacios habituales de la cultura, que pueden ser los teatros, las salas de conciertos, las salas de cine, las exposiciones, se han ido al garete. No encuentro expresiones o figuras relevantes de la cultura que hayan tenido ni impacto ni difusión masiva. Son tiempos en que desgraciadamente la cultura no está presente en la conversación de la gente de a pie, por distintas razones.

Ahora mismo, los medios de comunicación y los líderes de las organizaciones políticas tienen un altavoz inmenso que la pandemia les está dando. Tapan cualquier otra conversación de otro ámbito. Se intentan retomar los lanzamientos de novelas, los estrenos de teatro, los conciertos, las exposiciones en la medida en la que se pueden, pero esos acontecimientos no están traspasando a la conversación pública porque no hay hueco. Entonces, ¿qué puede aportar la cultura? Podría aportar la representación del ciudadano común, la representación de la duda y de la exploración de este tiempo nuevo desde un ángulo que no es ni el político ni el científico, pero nos pilla sin recursos.

X.M.C. Volvemos un poco a la fase de caos que la Ciencia necesita para encontrar soluciones a la pandemia. La solución que es válida hoy, puede que no lo sea mañana.

A.G.S. Claro, nadie lo está haciendo bien, pero nadie lo está haciendo mal. Los médicos y científicos van aprendiendo sobre la marcha por ensayo y error.

X.M.C. En estos meses se han sucedido muchas muestras de falta de capacidad analítica y se intenta solucionar un problema complejo a través de atajos. Puede que me equivoque, pero esto podría ser una consecuencia del modelo del sistema educativo. No hay un estímulo para decir “no lo sé”, “enséñame sobre este tema”. Desde tu experiencia en la Administración como ministra de Cultura, ¿cómo percibes esta reflexión?

A.G.S. La Administración es muy lenta. Suele ir por detrás de la sociedad porque sus mecanismos son lentos (desde que se impulsa una legislación hasta que se articula, se aprueba y se aplica). Pedir cambios o modificaciones en ámbitos que tardan años en fructificar es un poco estéril. No quiero decir que no se deban exigir, sino que hay que impulsarlos desde abajo. Si queremos una educación más compasiva, más capaz de afrontar la duda y el error, empecemos nosotros mismos por ser mas compasivos y mas humildes.

Además, la responsabilidad del clima moral o ético de un país no recae sólo sobre la Administración, sino que recae sobre el colectivo. A los niños y niñas les educamos entre todos. Les educamos con el ejemplo, que es como aprendemos, por imitación. El ejemplo lo tenemos que dar siempre. En todo momento estamos contribuyendo a ese clima que denunciamos de poca reflexión. Es difícil pensar bien cuando te están atacando y solo oyes gritos.

X.M.C. Parece que tenemos falta de empatía.

A.G.S. ¿Nosotros qué hacemos? Pues como los niños: miramos para arriba e imitamos. Si nuestros líderes están emitiendo mensajes agresivos de unos para con otros, en lugar de proponer ideas o siendo solidarios, nosotros copiamos e imitamos como ciudadanos. Nos polarizamos también.

Sin embargo, yo no soy tan pesimista con respecto a la falta de empatía. No creo que los españoles tengamos falta de empatía. A lo mejor nos contagiamos tanto (en relación con el virus) porque somos muy empáticos y nos cuesta renunciar a estar cerca de los demás.

X.M.C. Mi crítica de la ausencia de solidaridad y/o empatía es generalizada a Occidente.

A.G.C. Por supuesto. La empatía y la solidaridad son mas escasas cuanto más grandes son las ciudades en las que vivimos, más anónimos nos hacen sentir y, por lo tanto, menos vinculados al otro. Por otro lado, la precariedad genera inseguridad. No tener nada seguro (desde el empleo, a la pareja o las relaciones de comunidad) hace que no seas muy solidario.

A mí lo que me llena de optimismo es que, en momentos de crisis como éste, únicamente la cooperación y la colaboración en la tribu nos permitirá sobrevivir.

X.M.C. ¿Cuál es el poder de la política en momentos como éste?

A.G.C. El gran poder de la política es abrir conversación. Eso es a veces muy arriesgado y pagas un precio muy alto electoralmente porque abres una conversación que en ese momento no gusta. Abres un debate social.

X.M.C. Un acercamiento entre las instituciones y la ciudadanía es vital. Sin embargo, en España, el ciudadano medio ve la institución como algo demasiado lejano, rígido, estático, …

A.G.S. … que no es suyo, que no le pertenece.

X.M.C. Hay varios temas que has tocado, como el de que la política te da el poder de abrir debates en la opinión pública. Vaya por delante que opino que la sociedad civil es más grande que el Estado. La política es una representación de lo que es la sociedad. Yo creo que la política más que qué temas elegir dentro de la agenda, es el cómo los hablas (el tono, las palabras elegidas, etc).

A.G.S. Por supuesto, a eso me refiero. ¡Qué suerte que no estoy ahora mismo en ningún puesto en el que tenga que tomar decisiones! Porque es dificilísimo. Hace diez años, viniendo de la sociedad civil, sin tener ninguna experiencia en la política, me sorprendió la enorme importancia de los gabinetes de comunicación. Es verdad que la política es palabra y lo ha sido desde Atenas hasta la actualidad.  La velocidad de la comunicación ha afectado, para bien o para mal, a la política. Hoy en día no hay tiempo de digestión de las ideas.

X.M.C. También está el factor de caer en el academicismo en exceso a corto y medio plazo. Al final del día, una legislatura tampoco es tanto tiempo. Cuatro años, son cuatro “días”. ¿Cómo se podría mejorar la implementación de proyectos, especialmente en la cultura?

A.G.S. Si los políticos no dotan mejor presupuestariamente a la cultura, por ejemplo, es porque en España no consideramos a la cultura algo importante. Pero no lo consideran ni los políticos, ni la mayoría de las personas. Es parte de una tradición que viene de muy atrás. Seguramente venga desde la Contrarreforma, de un país muy atrasado, de una Iglesia con un poder muy grande, de dictaduras, de la falta de una burguesía ilustrada, etc. Todo sumado, uno pensaría que en 2020 estaría superado, pero cuesta; y eso que hemos mejorado muchísimo.

X.M.C. La sensación que tengo es que en España se vive un poco en el día de la marmota. No sé como calificarlo. Hay como una depresión colectiva en la que se dice: en este país, esto y esto otro no se puede arreglar, …

A.G.S. Yo creo que era así hace 100 años. Me divierte mucho recurrir a la hemeroteca. Vete al diario de sesiones del reinado de Isabel II y mira lo que se decían los liberales, los moderados y los radicales; venimos de esa tradición. En fin, hay que saber la riqueza que tenemos y a partir de ahí cuidarla. No se puede ser fatalista.

X.M.C. Una pregunta interesante sería, no plantearse si vivimos mejor que en el pasado sino, con los recursos que tenemos ahora, ¿podríamos estar viviendo mejor de lo que lo estamos haciendo?

A.G.S. Claro, se puede hacer más. Por eso hay cambios. A los españoles les cuesta asumir que el de al lado piensa distinto, porque no tenemos esa tradición de convivir con la diferencia. Pero en general, sí se hacen cosas y la sociedad civil intenta mejorar siempre.

X.M.C. Gracias por tu tiempo y disponibilidad. Espero que con esta sección la gente, como mínimo, se plantee cosas.

A.G.S. Un placer, el objetivo es suscitar preguntas.