Después de los acontecimientos que se están viviendo en materia de ataques terroristas, muchas son las preguntas que la gente se hace, ¿cómo es posible que este tipo de sucesos pasen en pleno siglo XXI?. Una situación, cuanto menos confusa y compleja debido a los múltiples factores que intervienen para que se produzcan tales hechos.

No pretendo con este artículo hacer un análisis politológico profundo en base a conocimientos de política comparada, políticas de integración social o realizar un exámen exhaustivo sobre acciones bélicas. Sin embargo, es de vital importancia resaltar, dentro del propio foco mediático, el adoctrinamiento y la simplicidad analítica a la que están expuestos los ciudadanos a través de los medios de comunicación.

El pasado sábado 26 de Marzo, me dispuse a ver el programa de televisión “La Sexta Noche”. Un espacio donde todo el mundo sabe que hay colaboradores de todos los colores y tendencias. Es una verdad irrefutable, que no se puede esperar objetividad por parte de los medios de comunicación. Creo que a estas alturas, todo el mundo ha caído del guindo con este aspecto y que no podemos esperar demasiado rigor periodístico con ciertos medios, grupos editoriales, periodistas y/o colaboradores, etc. Uno tampoco espera que en un debate televisivo se realice un análisis pormenorizado de un tema político con múltiples referencias bibliográficas, digno de una defensa de tesis doctoral; pero sí espera unos mínimos.

No pretendo realizar una crítica abierta al espacio en su conjunto, pues me declaro seguidor de dicho programa. Me parece de vital importancia que haya un programa de análisis político en “prime time» en este país (que supera el millón de espectadores), que sería impensable hace 20 años. Pero es, cuanto menos peligroso o polémico, dar tanto altavoz a algunos profesionales de cuyo nombre no quiero acordarme. Comprendo que se trate del sector que a nivel de audiencias, ofrezca mayor “espectáculo” por determinados chascarrillos y clichés que uno puede llegar a escuchar, pero especialmente con un tema tan sensible como es el terrorismo, me parece cuanto menos discutible.

Entre algunas de las perlas dialécticas que se pudieron escuchar, fueron algunas afirmaciones como: “si no se firma el pacto antiyihadista, significa no estar en contra del terrorismo”, “ya es hora de que los gobiernos europeos -buenistas- hinquen el diente al asunto”, “Obama tenía que haber hecho el trabajo sobre el terreno” o “sin defensa, no hay libertad”.

En primer lugar (incluso afirmado por expertos en materia de seguridad durante la emisión), la seguridad total no existe. Por otro lado, dejemos que los cuerpos de seguridad del Estado, ejércitos de los Estados Miembros de la UE y otras potencias mundiales; así como la colaboración entre los diferentes países y organizaciones supranacionales, actúen con la mayor eficacia posible, sin necesidad de caer en arengas vacías de contenido que solo fomentan odio. De esta forma, se puede producir un caldo de cultivo peligroso para fomentar la intolerancia y el radicalismo en materia de multiculturalidad. Como desgraciadamente se está comprobando con el resurgir del fascismo en Europa.

Hay que resaltar y quedarse con otros aspectos mucho más relevantes para poder comprender mejor la realidad que vivimos. Varios de los invitados del pasado sábado aportaron unas líneas de debate ricas en contenido y forma, sin necesidad de desvirtuar la realidad con discursos agresivos. Algunos de ellos como, José María Gil (experto en terrorista yihadista), Manuel Marlasca (periodista de investigación de La Sexta), Leila Nachawanti (especialista en Oriente Medio) o Amparo Sánchez (portavoz de la plataforma ciudadana contra la islamofobia en España) dieron unos buenos posibles puntos de partida para poder solucionar este conflicto:

Aprovechar el Espacio Schengen para establecer una colaboración multilateral entre los diferentes cuerpos de seguridad a nivel internacional, no dejar que este tipo de sucesos impida vivir nuestras vidas con normalidad, dentro de unas medidas de seguridad y defensa, condenar el negocio armamentístico a países donde el yihadismo está establecido y para así no tener que preguntarnos cómo actos terroristas han podido suceder de la nada, … Pero sobretodo, tener muy claro cuáles podrían ser las raíces del problema yihadista:

  • La falta de integración de la comunidad musulmana europea por parte de las instituciones públicas. No se puede permitir que haya realidades tan dispares y alejadas entre si en un mismo territorio, solo porque las instituciones públicas no asuman su responsabilidad política. Esto es, pregonar e implementar unas políticas de inserción social y educativas de corte asimilacionista, relegando en según que países, las diferencias de las minorías religiosas, étnicas y culturales, a un ámbito privado (especial mención al caso francés en este punto).
  • La dejadez de no llevar a cabo políticas activas de empleo transversales, que fomenten la inserción laboral de la comunidad musulmana. No es casualidad que el índice de desempleo en el barrio de Molenbeek sea cercano al 40%.
  • Ayudar a establecer procesos de inclusión de todas las comunidades que coexisten en Irak.
  • No dejar que se produzca el avance de movimientos radicales conservadores de los que nos podamos lamentar en un futuro. Tenemos que aprender de los errores cometidos en el pasado (valga como ejemplo la Europa de entreguerras del siglo XX y lo que pasó con el nazismo alemán y el fascismo italiano).
  • Respeto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y resolver la crisis de los refugiados sirios.

Todos estos aspectos, son complejos de resolver y nadie dice que se pueda arreglar de un día para otro, pero el primer paso es tener claro qué es lo que se debe de solucionar y no dejarnos tentar por la Ley del Talión y poder finalizar así con este cuento de nunca acabar.