Uno de los temas más interesantes de la política mundial, que, por cierto, ni en España ni en Europa se le está dando la relevancia suficiente dada su trascendencia, es la salida de los Británicos de la Unión Europea.

La idea de la salida de la UE surge en las elecciones de 2015. Cameron en su programa electoral decía que antes de 2017, sometería a un referéndum a la población inglesa preguntando sobre su convivencia en Europa. Es necesario detenerse en este punto para explicar que la política inglesa, para quién no la conozca, es bastante distinta de la española y se distancia también con muchas europeas, incluida la alemana. Es distinta principalmente por varias razones que el BREXIT nos ayudará a explicar. Una de las primeras es precisamente que, en Gran Bretaña, el programa electoral es sagrado, siempre se intenta cumplir con todo lo prometido y el electorado penaliza, y mucho, el pasarse por alto un punto de éste. Algo que en el sur de Europa resulta impensable. Todo el electorado nacional sabe que en un programa electoral se miente, tendrás más reticencias sobre éste, pero sabemos que no se cumplen, y encuestas nos señalan que entre el 30 y el 40% del electorado ni se lo lee.

Ahora que sabemos que efectivamente en Gran Bretaña se cumple con el programa electoral, seguimos avanzando: Cameron, ha fijado la fecha de ese referéndum para el verano de 2016, pero antes debemos explicar algunas cuestiones. La primera es que Cameron afronta ahora mismo una negociación con la Unión Europea para permanecer en ella. En estas negociaciones Cameron intenta recuperar el espacio de soberanía que el país ha cedido en favor con la UE, restringir el tráfico de inmigrantes, y conseguir nuevas políticas económicas y financieras dentro de la UE sin traspasar las líneas rojas trazadas por los otros Estados miembros.

Para conseguir estos objetivos, el líder británico, que es partidario de permanecer en la UE, se ha enfrentado a duras negociaciones dentro de un marco político agresivo en donde es difícil que te hagan concesiones. Pues bien, en su última reunión con la comisión ya ha logrado diferentes concesiones a Gran Bretaña.

Cameron tiene, entonces, una gran responsabilidad. Debía negociar unas condiciones favorables en su país, debía llegar a acuerdos satisfactorios y, en última estancia, debe convencer al electorado que permanecer en la UE, es la mejor opción, por lo menos él está convencido. Ahora pensemos en España, imaginemos a nuestro primer ministro llevando a cabo esa negociación, por lo menos los miembros de su partido, y no digamos del gobierno, estarían todos apoyándole. Pues en la política inglesa no, tienen la maravillosa cualidad de llevar el parlamentarismo hasta el último de los extremos, y salvo alguna excepción de algún ministro que quiere repetir en la misma cartera, los políticos británicos se deben a su electorado, a su distrito, y no a su jefe.

Cameron tiene a muchos de sus ministros en contra, también al alcalde de Londres, que goza de bastante relevancia, y no los penaliza, es más, les permite hacer campaña en contra de la permanencia en la UE. Algo impensable en nuestra política actual, en España se muere por el jefe, y quién no lo haga, al exilio.

En nuestro país se juega más en la sombra, más con gestos que con palabras, la oposición central al jefe del partido de forma pública es considerado como la mayor de las traiciones, y se actúa por otros medios. Pensemos ahora, y esto lo dejo bajo la interpretación de cada uno de los lectores, en los últimos movimientos de Esperanza Aguirre (pro-británica convencida, debe ser por la Tatcher).

El BREXIT, nos está dando lecciones de política inglesa, a la vieja usanza parlamentaria, aprovechémoslas.