En medio de la marea violeta que inunda Passeig de Gracia, afloran tres carteles pequeños de color verde. Un grupo de mujeres, todas argentinas, se han reunido bajo la misma consigna: la despenalización del aborto en su país.

En medio de la marea violeta que inunda Passeig de Gracia, afloran tres carteles pequeños de color verde. Un grupo de mujeres, todas argentinas, se han reunido bajo la misma consigna: la despenalización del aborto en su país. Laura, mitad mendocina y mitad porteña, quería representar a Argentina en la huelga feminista del 8 de Marzo en Barcelona. Por eso armó un grupo de whatsapp y de a poco la convocatoria pasó de ser una idea a convertirse en un punto de encuentro.

A ella, la experiencia la tocó muy de cerca. Una de sus mejores amigas abortó y se enteró al año. “Vivía deprimida y no sabíamos qué le pasaba” explica Laura que, tras insistirle, le contó que el médico, luego de la intervención, le introdujo un DIU -sin su consentimiento- porque “no confiaba en que se pueda cuidar por sí sola”. Afortunadamente para su amiga, ella no estuvo dentro de las 50 personas que mueren anualmente debido a los abortos inseguros en Argentina.

A diferencia de España, la interrupción voluntaria del embarazo allí es ilegal. Sin embargo, gracias a la incesante lucha enmarcada en la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito -que aúna alrededor de 300 organizaciones afines- se ha logrado instalar el tema en la agenda pública. El proyecto de ley ingresado el 6 de marzo en la Cámara de Diputados – con este, suma su séptimo intento- ya cuenta con el compromiso formal del presidente de la República, Mauricio Macri, quien ha sostenido que habilitará a sus legisladores a trabajar en la propuesta.

En el mismo lugar pero unos metros más adelante, un tumulto de gente grita a viva voz “la lucha continúa”. Formando un frente, cada una de ellas sostiene parte de una bandera gigantesca que atraviesa todo el ancho de la Avenida. Y así toman su lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, Laura, Malena, Paula y Nair con el resto de las mujeres que las acompañaban. Aunque no están más en su país, el reclamo no lo abandonan al cruzar la frontera. Se lo lleva dentro. Laura se propuso durante la huelga feminista visibilizar un problema que afecta a todas las mujeres de su territorio y también a otros países que tampoco cuentan con una ley como España.

Cada año mueren 47.000 mujeres alrededor del mundo a causa de las complicaciones de los abortos clandestinos. Como dice Laura, la cuestión del aborto inseguro “está globalizado” y por esa misma razón “debemos seguir luchando, en casa y en el resto del mundo”. El resto de argentinas la escuchan con atención y asienten silenciosamente con la cabeza. Comparten su misión y visión.

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La marcha avanzaba, pero a paso lento. Esto les dio la oportunidad a las referentes argentinas para interatuar con otras participantes que se acercaban a leer con mayor detenimiento las frases de sus pancartas; “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”. Entre las interesadas estaba Silvia, una estudiante catalana de 19 años.

Es que Sivia, de alguna manera, empatizaba con el reclamo. A los 18 años su madre debió viajar a Alemania, con una cuantiosa suma de dinero, para abortar. “Si quieres abortar, lo haces igual, sea ilegal o no”, reflexiona. El contexto español era distinto en aquél entonces, similar a la actualidad argentina. Fue recién en 2010 cuando el Estado español despenalizó el aborto.

Siguen caminando. De repente, dos manzanas antes de Plaza Catalunya, Laura advierte otra pancarta verde de la mano de una joven trepada en una de las farolas a su izquierda. El grupo se regocija en cada encuentro con otra argentina. Su singular voz allá en lo alto, se suma al de sus compañeras de lucha que marchan en la calle. Los carteles se multiplicaron y los acentos argentinos, también. Mujeres de todas partes de Argentina y las españolas que se sumar, compartiendo un mate y bailando al ritmo de “No quiero tus piropos, quiero tu respeto”.

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Si bien las pancartas verdes desentonan la armonía monocromática violeta, a todas les une un profundo sentimiento de solidaridad entre las mujeres, uno que se convirtió en un gran pilar de la marcha. “La sororidad es nuestra arma; es la acción multitudinaria la que nos permite seguir avanzando. Es nuestra, internacional y reivindicativa”, detalla el manifiesto de la huelga feminista.

Así lo siente Malena, otra porteña quien a través de la sororidad se vio envuelta en una red de mujeres que la ha sabido incluir en un movimiento que no entiende barreras estatales que reivindica el rol de la mujeres y lucha contra machismo en sus diversas formas. Sobre esa base, este grupo de mujeres salió a la calle a gritar “por todas nosotras”.