Hace un par de semanas conocíamos una nueva resolución de un caso polémico que ha sido ampliamente obviado por la prensa internacional. ¿Una persecución de occidente al pueblo africano? No se puede afirmar tal con rotundidad, pero existen sospechas de que exista una represión generalizada a dirigentes africanos sin falta de pruebas, como forma para que Occidente siga ejerciendo en cierta medida un control sobre estos países.

El fondo de esta cuestión son unas elecciones generales. En diciembre de 2007 se celebraron en Kenia unas polémicas elecciones generales que dieron ganador al candidato Kibaki con un 46% de los votos, frente a los 40,6% del candidato Odinga, cuando las encuestas daban como ganador a Odinga con un amplio margen.  El candidato Kibaki fue acusado de fraude y manipulación de los resultados, y de falsear más de 300.000 votos para ganar las elecciones. Hubo circunscripciones donde el porcentaje del número de votantes terminó con un 115%.

Los candidatos estaban fuertemente marcados por una gran hostilidad tribal ejercida entre las dos tribus principales que dividen Kenia. El candidato Kibaki pertenecia a “Kikuyu”que era la etnia tradicionalmente dominante, y de la cual consiguió mucho apoyo sumado a los habitantes del centro de Kenia, incluyendo las tribus Embu y Meru. El otro candidato, Odinga, era miembro de la etnia “Luo”, y fue capaz de crear una base más amplia mediante la construcción de una coalición con los líderes regionales de la “Luhya” en el oeste de Kenia, los “kalenjin” del Valle del Rift, y los líderes musulmanes de la provincia “Coast”.

Pongámonos ya en situación. Quince minutos después del anuncio de la victoria de Kibaki, la tribu “Luo” inició unos violentísimos ataques hacia la tribu “Kikuyu”. Los barrios más pobres fueron los primeros lugares afectados por esta reacción política, con cientos de casas quemadas y familias obligadas a huir con sus pertenencias a otro lugar. En apenas un día, casi todos los negocios cerraron y las habitualmente animadas calles de Nairobi se quedaron vacías. Durante enero y febrero de 2008, cientos de miles de personas fueron desplazadas de sus hogares, y más de 1.200 personas murieron a causa de la violencia de los enfrentamientos posteriores a las elecciones. Los crímenes se expandieron por áreas densamente pobladas, como Luoland, asentamientos en el Valle del Rift, y los barrios marginales en Mombasa. En Kisumu y diversas partes de Nairobi, las calles estuvieron sufriendo disturbios constantes durante todo el mes.

Se vivió una situación de bloqueo, con saqueos constantes, destrozos en las vías de comunicación, ataques a agricultores y personas que pretendían viajar no podían hacerlo. La mayoría de los miembros de las grandes etnias atacaron a toda persona ajena a sus tribus. Las minorías y personas extranjeras eran objetivos comunes. La gente huyó a Uganda y otros países cercanos para escapar de la agitación social que se vivía. El turismo fue un sector muy afectado, ya que numerosos vuelos y viajes se cancelaron, y las empresas extranjeras huyeron del país con sus inversiones, y en consecuencia muchas personas perdieron sus empleos. Esto ocasionó unas pérdidas al país de más de 47 millones de dólares, lo que para una frágil economía como la de este país africano, suponía un golpe extremo.

El candidato Kibaki, después de jurar el cargo como presidente, nombró un gabinete parcial de gobierno el 8 de enero de 2008, compuesto por 17 parlamentarios de su partido el PNU, y el ODM-Kenia (partido distinto al ODM) y el KANU, partidos con el que formaron un gobierno de coalición. Algunos puestos quedaron temporalmente vacíos, presumiblemente para dar espacio a las negociaciones con el ODM y su candidato Odinga, que cuestionaban los resultados de las elecciones y la legalidad del nuevo gobierno.

William Ruto, miembro del ODM, y Uhuru Kenyatta, miembro del PNU, rivales en las elecciones, fueron acusados de orquestar la violencia en la que murieron al menos 1.300 personas después de las disputadas elecciones en 2007. Estos dos miembros fueron acusados en 2010 de perpetrar crímenes contra la humanidad, por la Corte Penal Internacional de La Haya. Las acusaciones fueron remitidas al CPI por Kofi Annan, ex secretario general de la ONU.

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Ruto, vicepresidente de Kenia, en la Corte Penal Internacional. Foto: France24

Cabe mencionar que estas dos personas, supuestos enemigos, son ahora actualmente presidente y vicepresidente del país, tras formar una alianza. Los cargos contra Kenyatta se retiraron en 2014, pero los cargos contra Ruto se mantuvieron, amenazando la coalición que llevó a la pareja al poder en 2013. Pero hace un par de semanas, conocimos la resolución del CPI de retirar las acusaciones también contra Ruto por falta de pruebas, lo cual les permitirá reconstituir la alianza para las próximas elecciones presidenciales de Kenia, previstas para agosto de 2017.

En un comunicado, Kenyatta dijo que la decisión «pone fin a lo que ha sido una pesadilla para Kenia». Después de un «viaje doloroso», el tribunal «reafirma la fuete convicción mantenida desde el principio acerca de la inocencia del vicepresidente Ruto». Y es que ese sentimiento era firme entre la población keniata. Incluso Raila Odinga, el líder de la oposición, felicitó a Ruto por la decisión del tribunal, eso sí, antes de hacer una llamada al gobierno a pagar una indemnización a las víctimas de la violencia. El caso, sin duda, había envenenado las relaciones con Occidente. Kenyatta acusó a la Corte Penal Internacional de ser una herramienta de persecución neocolonial.

El presidente del tribunal, Eboe-Osuji, dijo que quiso declarar nulo el juicio, debido a supuestas presiones ejercidas en los testigos y una intromisión política intolerable. Varios testigos se habían retractado supuestamente de sus declaraciones y otros simplemente desaparecieron.

A día de hoy, los políticos africanos se encuentran muy molestos con estas actuaciones sin falta de pruebas por parte de este tribunal internacional. Algunos incluso acusan a la corte de atacar de manera desproporcionada al continente africano. Y es que nueve de cada diez casos en el CPI son africanos.

Con las elecciones del próximo año que viene, muchos keniatas están preocupados por la posibilidad de que se produzca un nuevo brote de violencia. Aunque la alianza de Kenyatta y Ruto está funcionando bien, ya que consiguen que los dos grupos étnicos más grandes de Kenia vayan en conjunto a las elecciones.