El sentimiento de españolidad está actualmente lastrado por su asociación casi exclusiva a la derecha centrípeta, por el rechazo que suscita entre los independentistas y por la falta de apoyo por parte de la izquierda estatal.

En la actualidad, el problema territorial sigue siendo materia pendiente en la política española. Al fuerte sentimiento territorialista en Euskadi, Cataluña y en habitantes de otros lugares de España hay que sumarle en el otro extremo el centralismo de VOX y de muchos votantes de PP o Cs. Asimismo, la exaltación de la idea de España procede solo y prácticamente de la derecha centrípeta.

         De este modo, podemos dividir la perspectiva de la españolidad en cuatro grupos políticos:

         –Derecha españolista (PP, VOX y Cs), que reivindican fuertemente una idea de España castellanista, pero también incluyen elementos comunes a todos los españoles: idioma castellano como vehicular, himno y bandera, Madrid como eje radiocéntrico de España, Real Madrid como símbolo deportivo, tauromaquia como fiesta nacional, religión católica (salvo en el caso de Cs) como eje identitario, una historia común desde la unión dinástica castellano-aragonesa de 1479 más la consideración del monarca como símbolo de la unidad del país.

         –Izquierda federalista española (PSOE. Podemos, IU, Más País, Equo): poseen una idea mucho más civil de la españolidad. La asocian a un sentimiento de pertenencia como país más al pacto de 1978 (en el caso del PSOE) y a la necesidad de un sólido Estado social en esta articulación.       –Regionalistas y federalistas centrífugos (CC, Chunta Aragonesista, PAR, PSC, la extinta UDC, PPdeG fraguista, los fueristas PPV y UPN, Compromis): parten de la idea de un Estado integral plural, es decir, una España con elementos comunes, pero muy diversa. La exaltación de los elementos de españolidad comunes varía según la formación política.

         –Nacionalismo periférico (BNG, EHB, PNV, ERC, CUP, PDeCAT): Ven a España como un Estado y no como una nación, es decir, un entramado institucional poco menos que artificial y castellanizador que se impone sobre las identidades nacionales de las autonomías no castellanas. En conclusión, salvo parcialmente el tercero, ninguno de los cuatro grupos hace una exaltación integralista de la idea de España, es decir, me los sintiere orgullosos de nuestros elementos comunes a la vez de la rica heterogeneidad de los territorios que la componen. Esto tan sólo la hace el carlismo (Partido Carlista y Comunión Tradicionalista), pero este movimiento tiene un peso muy marginal en la sociedad actualmente.

         ¿Y por qué digo que España es una nación de naciones, es decir, un país con elementos comunes, al tiempo que muy diverso?

         1) Compartimos una religión mayoritaria (católica) culturalmente muy influyente

         2) Raza caucásico-mediterránea (dentro del necesario y obligatorio respeto a las demás etnias y confesiones)

         3) Llevamos juntos 2.200 años de historia político-institucional: desde las primeras Hispania Citerior y Ulterior (1.400, con la actual Portugal),       4) La mayoría vivimos en el rincón suroeste de la Península Ibérica.     5) Poseemos una base lingüístico-cultural romana; salvo, parcialmente, los vascos.

         6) Nuestra cultura política es la propia de la Europa latina.

         En este sentido, desde el punto de vista geográfico-histórico, entiendo que Portugal es también parte de España. Otra cosa es lo que legítimamente sientan y quieran sus habitantes. Pero es innegable su base original hispánica más el resto de elementos descritos y el hecho de compartir más del 60% de la historia política en común desde el nacimiento de las entidades políticas durante la génesis de la Edad Antigua, a partir de la conquista romana de Iberia (218 AC).

         Respecto a la lengua castellana, si bien es imprescindible como elemento funcional de unión, la diferencia de los aspectos anteriores no es identitariamente común, sino que nació en Castilla, expandiéndose después en el resto de la actual España y en ultramar.

         Y, por otro lado, España es diversa por lo siguiente:

         1) Tenemos cinco zonas climáticas (oceánica, mediterránea, subtropical esteparia y montañosa).

         2) Una heterogénea orografía (mesetaria, montañosa y volcánica) y edafología (silícea, kárstica y arcillosa).

         3) Una variada hidrografía (ríos de notable caudal, donde este es escaso y dependientes de la nieve)

         4) Debido a la existencia de ocho lenguas en el conjunto hispánico oriundas de Iberia (castellano, portugués, catalán, gallego, euskera, la versión aranesa del occitano, astur-leonés y aragonés)

         5) Por la variedad de tradiciones culturales locales.

         A todo ello hay que sumar el fuerte peso institucional en la historia de los distintos territorios españoles, algunos de los cuáles fueron reinos independientes hispanocatólicos en el pasado: Castilla (1035-1479), Aragón (1035-1479), Galicia (diferentes períodos de la Edad Media), Portugal (desde 1143 hasta hoy, salvo en el periodo 1580-1640), Asturies (718-924), Llión (durante dos periodos medievales), Nafarroa (824-1512). No debemos olvidarnos, en este sentido, de la musulmán suní Al- Andalus (711-1492) o de la semiindependencia que mantuvieron los pueblos paganos astures (411-585, cántabros (411-574) y vascones (411-581) en el alta Edad Media en paralelo al reino cristiano hispanovisigodo (católico, desde 589; y antes, arriano).

         En resumen, como politólogo, profesor de Geografía y Historia y ciudadano español, creo que son convenientes las siguientes medidas identitarias e institucionales para España:

         -Reformar la Constitución en un sentido federal, iberista y plurinacional, estableciendo techos competenciales para las distintas naciones que componen la Nación española.

         -Referéndum sobre la forma de Estado. Según el resultado que salga, el Rey o hipotético Presidente de la República serían también símbolos de unión de España.

         -Eliminar las diputaciones y fusionar ayuntamientos tomando como referencia la actual composición comarcal.

         -Por otra parte, resulta imprescindible, aplicando el artículo 3.3 de la CE, la consideración de oficialidad de las citadas lenguas propias de cada autonomía (en el caso del portugués, para Olivença, en la actual Extremadura), especialmente para proteger el astur-leonés y el aragonés, ambas no oficiales y en serio peligro de muerte, segundo a UNESCO. -Del mismo modo, es fundamental una reforma de la norma suprema para que la Carta Magna reconozca y regule y derecho de autodeterminación de las hoy CC. AA., o bien abrir la puerta a una posible solución mixta ante procesos independentistas como el catalán: que haya una mayoría cualificada en el propio territorio y luego que sea refrendada por el conjunto del Estado.

         -Al mismo tiempo, es preciso proponer una reorganización de las autonomías (o hipotéticos Estados federados) bajo criterios identitarios (lengua propia, cultura historia y geografía), siempre que así apuesten por eso sus ciudadanos: Galicia, Asturies, Cantabria, Euskadi, Nafarroa, Aragón, Catalunya, Val d’ Arán, València, Illes Balears, Murcia, Andalucía, Ceuta, Melilla, Canarias, Castilla, Extremadura y Llión. Y abriendo siempre jurídicamente la puerta a una utópica entrada de Portugal y Andorra en el conjunto hispánico. Honestamente, y dentro de las imperfecciones y desaprobaciones que tendría este modelo integralista, este sería el más idóneo, pues es el único que incluye una idea de españolidad orgullosa y te incluí tanto a nivel centrípeto como centrífugo.